La vuelta de la saga Ninja Gaiden que se dió hace unos años en la primera XBox, y que fue uno de los mejores (sino el mejor título de la consola), tiene ahora en su secuela un digno sucesor: aunque ya no sorprende tanto como la primera parte y con algún que otro defecto que le resta enteros frente a la primera parte.

En primer lugar lo que destaca de este juego frente a cualquier otro del género es la jugabilidad. Es un título que a priori parece muy fácil y un simple “machacabotones” más, pero que tiene una profundidad enorme. De hecho, sin controlar los movimientos defensivos (cubrirse, esquivar y contraatacar), es muy pero que muy dificil seguir avanzando llegados a cierto punto del juego. Aunque la curva de dificultad empieza bastante accesible para todos, cuando se empieza a llegar a los final bosses, esto cambia radicalmente.

Y este podría ser el primer gran error del juego, la curva de dificuldad, que es oscilante. El juego ha implementado una nueva barra de energía, que consta de 2 partes: La primera es una barra azul, que va desapareciendo según nos golpean, y se puede rellenar cuando se eliminen a todos los enemigos (o se vaya lo suficientemente lejos para que no te sigan) y con cada golpe, poco a poco se va rellenando el extremo opuesto de la barra con el color rojo y esa parte no se recupera automáticamente, solo con items o llegando a un punto de salvado. Estos son bastante frecuentes, por lo que en el nivel básico pocas veces hará falta curarse.

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